Lo desperfectos no visibles de una vivienda son aquellos que están ocultos y que pueden afectar a la estructura de la casa o la comodidad de sus habitantes. La mayoría de estos defectos, suelen aparecer después de la compra de la vivienda, transcurridos meses o incluso años, y sus formas más típicas de presentarse es a través de goteras, grietas o abolladuras.

Por lo general pueden deberse a una falta de mantenimiento adecuada, en los casos en los que se presentan en viviendas de segunda mano, o a una mala calidad de los materiales utilizados o algún fallo en la construcción o planos, en el caso de presentarse en viviendas de obra nueva.

Una vez se haya encontrado alguno de estos desperfectos, ya sea en obra nueva o vivienda de segunda mano, en primer lugar hay que notificárselo al vendedor en un plazo no superior a medio año desde el momento en el que nos percatamos de su existencia. Este punto del plazo puede llegar a ser muy relativo de cara a presentar pruebas, por lo que siempre es recomendable contar con un perito profesional que analice el caso.

Tras la notificación y los análisis periciales pertinentes, el vendedor, por ley en el plazo en el que el comprador mantiene sus derechos como tal, debería hacerse responsable de estos daños, y negociar con el comprador la solución al problema.

Hay diferentes soluciones que se pueden llevar a cabo, desde la devolución de una parte del importe pagado por el inmueble, hasta la cancelación de la compra, pasando por la más habitual, el abono de la reparación o la indemnización por posibles causas que generen los desperfectos.

En caso de que la negociación entre vendedor y comprador no se realizara, se podría pasar a vía judicial, siempre con el apoyo de un perito profesional especializado en la materia, y capaz de demostrar la responsabilidad del vendedor ante estos desperfectos y la ignorancia de los mismos por parte del comprador en el momento de la adquisición de la vivienda.