La contratación de pólizas al arrendar la vivienda se han disparado por la garantía que ofrecen ante el incremento de los impagos y la opción de cubrir también los daños en el inmueble.

El impago de la renta o los posibles daños que se puedan registrar en el inmueble son, por este orden, los mayores temores que afronta el propietario de una vivienda cuando la ofrece en alquiler. Las estadísticas demuestran que la morosidad en los arrendamientos apenas suponen un 6% de los partes a las aseguradoras relacionados con el negocio del alquiler, pero también es cierto que los impagos se han llegado a triplicar durante la pandemia hasta situarse por encima del 15% en España, según la Asociación de Propietarios de Vivienda en Alquiler (ASVAL).
Como consecuencia de ello, lo que también se ha disparado es la contratación de un seguro que les cubra en caso de que el inquilino incumpla sus obligaciones. Su precio suele situarse en torno al 5% del valor del alquiler y protegen al casero frente a posibles situaciones de impago durante un plazo de tiempo determinado, que suele ser de un año. Además, también incluyen la posibilidad de reclamar daños a los inquilinos por desperfectos y, en función de las condiciones contratadas, también la cobertura del coste de al reparación.